¿High Tech, Soft Touch?
Ramón Esperón · Universidad Autónoma de Yucatán · AMFEM
Hace un par de años escuché al Dr. Jorge Valdez García, expresidente de AMFEM, pronunciar una frase que captó mi atención de inmediato: high tech, soft touch. Quise confirmar si la había entendido bien: a más tecnología, más humanismo. La idea no es nueva. El futurólogo estadounidense John Naisbitt la planteó en 1982, en su libro Megatrends¹, como “high tech, high touch”: entre más tecnología nos rodea, más necesitamos el contacto humano. Desde entonces, algunas escuelas de medicina americanas la han adoptado como lema. Hoy, con la inteligencia artificial en aulas y consultorios, esa idea vuelve a ponerse a prueba.
En salud, la tecnología vale la pena cuando amplía las posibilidades de cuidar. Pensemos en una consulta o atención donde el profesional de la salud no tiene la mirada pegada a la computadora. Cámaras y micrófonos captan lo que se dice y lo que se hace, se redacta la nota clínica, los estudios se integran al expediente, y al profesional solo le toca revisar y confirmar². Ese tiempo recuperado es para mirar a los ojos, escuchar, explicar y acompañar, no solo a pacientes, también a familias y comunidades. Es tiempo, además, para el propio profesional y su familia. Bien usada, la tecnología no sustituye al profesional de la salud ni a la relación humana: amplía la capacidad de cuidado.
Hay otro beneficio: la tecnología pone el cuidado en manos de las propias personas. Un reloj o una aplicación en el celular ayudan a vigilar la presión, el azúcar o el sueño, y avisan cuando algo se sale de lo normal. Una videollamada evita horas de traslado, y un equipo de salud puede dar seguimiento a distancia a quien vive en una comunidad lejana. Algunos recordatorios son automáticos: avisan que toca la medicina, la vacuna, una terapia o una revisión. Así, cuidar la salud deja de ocurrir solo en el consultorio y se vuelve parte de la vida diaria.
Esto cambia lo que deben aprender quienes hoy estudian para cuidar la salud. Como la tecnología avanza cada vez más rápido, tendrán que aprender a usarla ampliamente, verificar lo que produce y saber cuándo no confiar en ella³. Pero la habilidad que más tendrán que perfeccionar es el trato humano: escuchar, explicar, acompañar y decidir junto con las personas. Para las instituciones educativas, el reto está en sus planes de estudio. ¿Incorporar la tecnología? Sí, pero sobre todo ampliar los contenidos de humanidades⁴ y asegurar que los estudiantes desarrollen y demuestren las habilidades humanas.
Cuidar a las personas también es cuidar el planeta, del que somos parte, y la tecnología también puede contribuir en ello, sin olvidar que la IA tiene altos costos ambientales -hasta ahora- y riesgos para la privacidad que debemos vigilar². Entonces, ¿high tech, soft touch? Sí, pero no por inercia, sino por decisión, en principio individual pero que tenderá a la colectividad. La tecnología es el medio; el cuidado, el fin. La pregunta que nos toca responder a quienes formamos profesionales de la salud es si los estamos preparando con la misma velocidad y profundidad con que avanza la tecnología.
Este artículo no guarda ningún conflicto de interés; se utilizó IA para organizar información y corrección de estilo.
Referencias
Naisbitt J. Megatrends: ten new directions transforming our lives. New York: Warner Books; 1982.
World Health Organization. Ethics and governance of artificial intelligence for health: guidance on large multi-modal models. Geneva: World Health Organization; 2024.
Association of American Medical Colleges. Principles for the responsible use of artificial intelligence in and for medical education. Version 2.0. Washington (DC): Association of American Medical Colleges; 2025 Jul 31. Disponible en: https://www.aamc.org/about-us/mission-areas/medical-education/principles-ai-use
López V JT, Mastache V P. Análisis curricular de las licenciaturas de medicina en México: humanismo e inteligencia artificial. Investig Educ Med. 2026;15(57):8-17. doi:10.22201/fm.20075057e.2026.57.24685

